Episodio #13. El premio | Podcast «Cuentos alrededor del fuego»

el premio

El premio

Un cuento de Miguel Á. Rupérez

—Es un orgullo para mí recibir este premio… —dijo frente al público que sonreía y sostenía un aplauso prolongado—. Gracias, muchas gracias. Son muy amables. Este premio es de todos ustedes también, no solo mío. Lo único que hice fue escuchar lo que hace tiempo pedíamos, lo que necesitábamos como sociedad.

»Y no… —comprimió los labios y negó con la cabeza, con la mirada puesta en el recuerdo—, no fue fácil. Por supuesto que hubo gente que, al principio, no creyó en mis ideas. Y los entiendo; a mí mismo me costó creer en ellas. No siempre estamos abiertos a los grandes cambios, a la transición de un paradigma a otro, sobre todo cuando estos cambios vienen tan rápido. Pero la tecnología permitió esto. Han pasado ya veinte años de la creación del primer robot con forma humana, idéntico a nosotros, con consciencia programable según nuestras necesidades.

»Desde entonces se acabó la tristeza de aquellos padres que buscaban tener hijos y no lo conseguían. Nuestros robots nacen, crecen, se hacen adultos. Ya no más hombres y mujeres solos, que necesitan de un amigo que los escuche, o que buscan a su pareja ideal. Todo eso pertenece al pasado.

»Ya saben que a simple vista no hay forma de distinguirlos de un humano real. Parece —y solo parece— que piensan como nosotros, simulan sentir como nosotros sentimos, y, por sobre todas las cosas, se adaptan de forma personalizada a nuestros requerimientos.

Un aplauso espontáneo estalló dentro del auditorio, y tuvo que esperar un minuto a que volviera el silencio para poder continuar con el discurso.

—Estos robots ya nos ayudan con las tareas del hogar. Acompañan a nuestros abuelos cuando nosotros no podemos hacerlo; llevan a nuestros hijos a la escuela; hacen las compras en el mercado; trabajan por nosotros. Gracias a ellos, hace diez años que no tenemos pobreza en el mundo.

—¡Gracias a ti!

—Sí, bueno… —se sonrojó y sonrió con la mirada hacia abajo—, gracias al intelecto humano. Pero todos recordaremos que, tras la prosperidad económica mundial, aumentaron las agresiones entre las personas. Los asesinatos, las violaciones. Fue una época muy triste de nuestra historia. En las prisiones ya no cabían más personas.

»Entonces, construimos nuevas cárceles. Y también se llenaron. Ni la psicología ni las fuerzas armadas pudieron contener la avalancha de crímenes, que se expandía como un virus en la sociedad. Ni siquiera los propios robots pudieron ayudarnos, pues están programados para jamás dañar a la raza humana. Tuvimos que aceptar que, en el fondo, no somos más que animales, y que el aburrimiento puede estimular mejor que el hambre nuestros instintos más básicos.

»¿Que levante la mano quién nunca tuvo un mal pensamiento hacia el prójimo? ¿O ganas de insultar, de golpear a otra persona? Seamos sinceros… ¿quién no deseó que muriera un asesino?

En el auditorio nadie levantó la mano. 

—Yo tampoco la levanto, señoras y señores —añadió, y durante un instante sostuvo la mano a medio camino, como si dudara de alzarla o no—. Mi pensamiento tampoco es puro. Soy igual que cada uno de ustedes.

Hizo un breve silencio, un segundo más largo de lo necesario.

—Este premio es el símbolo, el reconocimiento a lo que, con tanto esfuerzo, pudimos conseguir. Sí, digo pudimos, porque yo solo no hubiera podido lograrlo. Gracias a ustedes, hoy podemos afirmar que las cárceles están vacías.

El silencio cedió ante un nuevo aplauso que se extendió por todo el auditorio. La gente se miraba entre sí y asentía con la cabeza. Esta vez, tuvo que esperar dos minutos a que terminara la ovación. Notó que en una de las filas del fondo nadie aplaudía.

—Son muy amables —abrió una mano hacia el público—. Gracias. Mi padre, que en paz descanse, solía decir una frase que he repetido a lo largo de mi vida: «Si no puedes contra ellos, úneteles». Es imposible frenar el impulso humano y, a decir verdad, hemos de agradecerlo, pues ese impulso es el motor que nos ha hecho progresar. Pero cuando esa fuerza está mal encauzada, en muy pocos casos puede corregirse. Porque ya hemos comprobado que ni la psicología ni la tortura dan resultado. No podemos convencer a un alma torcida, y la agresión solo alimenta el resentimiento que impulsa nuevos ataques.

»La respuesta estaba ahí, delante de nuestras narices. ¿Qué quiere el violador? ¿Qué ansía el asesino? ¿Qué es… —eleva el tono de voz y se inclina hacia adelante—, qué es lo que más desea un pedófilo?

Sabía que esas preguntas solían levantar un murmullo entre el público; y era justo ese el efecto que buscaba.

—Satisfacer su deseo —dijo, con una obviedad casi insolente—. Pero, claro, el problema es más que evidente. Ejercer un mal sobre otra persona no es legal, ni moralmente correcto. ¿No es así?

Se alejó del atril y se acercó al público, como si quisiera que lo escucharan sin la barrera de las palabras ensayadas.

—Por eso creamos las intimerías. No pongan esas caras, señoras, que aquí más de una le habrá dado con el cinturón a su hijo… —Se oyeron algunas risas en el público—. Así como en cada pueblo hay peluquerías, ferreterías, confiterías, desde hace dos años existen las intimerías. Y es de público conocimiento que, desde su implementación, el delito se redujo en un noventa y nueve por ciento.

—¡Esto es una aberración! —gritó una voz desde el fondo—. ¡Están enfermos!

El grupo de la última fila se puso de pie y caminó hasta la salida. El orador carraspeó brevemente, y los miró con condescendencia, hasta que salieron del auditorio dando un portazo.

—Como les decía… —tardó unos segundos en ordenar las palabras—, para quienes no estén familiarizados con las intimerías, y sospecho que aquí deben ser muy pocos… —dijo, con una enorme sonrisa de dientes blancos—, son fábricas de robots con habitaciones privadas. Cada persona entra al local, solicita la creación de un robot humanoide y define a su gusto las características físicas y mentales. No tarda más que unos minutos en crearse. Y paga por adelantado, por supuesto, antes de llevar al robot a una de las habitaciones para ejecutar contra él todos los delitos que desee.

»Creo oportuno recordarles que, a pesar de lo que sostienen ciertos sectores, nada de lo que los robots expresan es real. Pueden gritar de dolor, pueden suplicar que uno se detenga, pueden incluso llorar, pero todo forma parte de su programación. No hay sufrimiento real —hizo una breve pausa—, y es importante que esto se entienda bien. 

»Además, la fabricación de cada robot tiene un costo muy bajo y no contamina el medio ambiente, pues solemos reciclar y reutilizar las piezas de los robots que ya han recibido las descargas humanas. Ese es, señoras y señores, el verdadero avance tecnológico. La perpetración del delito sin víctimas.

»Creo que las palabras sobran cuando la evidencia está ante nuestros ojos. Hemos mejorado nuestra calidad de vida. Y es justo reconocer que este premio no es para mí. Es para usted, señor; para usted, señora. Por usar las intimerías. Por hacer del mundo un lugar menos cruel. Muchas gracias.

Por tercera vez, el público respondió con un aplauso incontenible, cargado de respeto, mientras el hombre bajaba las escaleras entre destellos de cámaras, con la estatuilla en alto apretada en un puño.

De la fila del fondo, una persona lo seguía mirando, sin aplaudir.

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15 comentarios en “Episodio #13. El premio | Podcast «Cuentos alrededor del fuego»”

  1. Estoy segura que hubiera levantado la mano, porque algunas veces he tenido esos malos deseos. Lo leí y lo escuché. Las cárceles están vacías, pero jamás podría entrar a una intimería, porque aunque el robot no sufra, la maldad de los humanos no desaparece, la descarga de igual manera, sólo evita ir a la cárcel.

    1. Un relato inquietante que expone cómo la tecnología puede convertirse en un refugio para los deseos más destructivos del ser humano. Bajo la apariencia de progreso y paz social, se revela una solución que normaliza la violencia, aunque sea contra máquinas. El contraste entre los aplausos del público y la figura solitaria que no celebra al final deja abierta la pregunta: ¿hemos vencido a la crueldad o simplemente la hemos disfrazado?

  2. Me parece un cuento exquisito. Muy bien escrito con ideas muy agudas y actuales, dignas de la mejor sci fi contemporánea. Brillante. Porque esto es lo que hace la sci fi en serio. Hablarle al presente con lucidez y precisión insoportable. Excelente.

    1. Hoy en clase tratamos el tema de la ciencia ficción por un cuento de Ray Bradbury que hemos leido acerca de un mundo con robots. Esta narración me parece tan buena e inquietante como la de Bradbury, y si digo inquietante es porque el ser humano parece no tener limites, lo cual hace que lo que plantea el cuento pertenezca a un mundo posible, lamentable y posible. Felicitaciones por esta obra maestra.

  3. Un cuento de narrativa clara y sencilla que todos podemos entender. Tambien nos hace pensar y creer que estamos dentro del cuento analizando cada una de las preguntas que hace el protagonista…para pensar e interpelarse.

  4. Una lectura sumamente interesante. Lo más inquietante de este relato es que plantea un escenario que perfectamente puede llegar a ser verdad en el futuro. Es un excelente material para pensar sobre las direcciones que está tomando la inteligencia artificial y el impacto que tendrá en nuestra sociedad. ¡Muy recomendable!

  5. Canalizar la violencia hacia un ser artificial, te hace pensar si la erradicación del daño real justifica alimentar la violencia interna del ser humano. La idea de las “intimerías” deja flotando si algo así realmente sería una solución o si en el fondo empeora las cosas. La persona del fondo que no aplaude es un punto de resistencia hacia las nuevas tecnologías que no se deja convencer, cuando todos los otros ya lo hicieron, también se podría entender como la vision que tenemos nosotros como lectores de esta historia.

  6. Un cuento que revisita bajo un halo contemporáneo un buen número de cuestiones que han preocupado a los hombres a lo largo de la historia de las ideas. El postulado del auto-interés como pasión humana irrefrenable (Hobbes, La Rochefoucauld, Pascal, etc.), el ideal de la víctima perfecta y la crítica a los desarrollos científicos que se ocupan sólo de satisfacer necesidades de eficiencia sin cuidado de consideraciones morales. El objetivo consumado de una distopía que dice mucho sobre el mundo que realmente habitamos: bajo la lógica capitalista, no hemos requerido de robots para encontrar en los sectores más vulnerables de la sociedad unas víctimas ideales, i.e., discursivamente deshumanizadas y jurídicamente desprotegidas ante una moral anestesiada por los horrores cotidianos. Un estilo similar al de Ted Chiang.

  7. El relato está narrado de una manera sutil y llevadera, nos lleva a imaginar un mundo aparentemente libre de violencia, con cárceles vacías donde el ser humano ya no se desquita con sus pares. Pero en realidad no significa que ya no exista la violencia, la historia nos muestra una realidad siniestra donde no solo existe sino que se magnífica lo violento y lo horrible del ser humano pero enfocado a alguien (o algo?) que no sufre (o no tiene el poder de quejarse) y convierte tales atrocidades en algo moralmente correcto. Me hace acordar a Westworld, una ciencia ficción que aborda temas similares y que también nos hace replantear al ser humano. Considero rico nutrirse de varias obras, autores y ver como nace algo que aunque tenga raíces de otros pueda tener identidad propia. «Nada nuevo bajo el sol»

  8. Un cuento de ciencia ficción que resulta muy actual y cercano, ya que, al leer entre líneas, interpela al lector e invita a reflexionar y repensarnos. Qué crueldad las intimerías! Quedan muchos interrogantes dando vueltas en mi cabeza, especialmente en torno a la perpetración de un delito sin víctimas visibles. Me pregunto… qué clase de público sería yo? Me encantó! Felicitaciones!

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